jueves, 27 de diciembre de 2007

EL CHECO


He tenido la impagable experiencia, dos veces en mi vida, de estar en la cumbre del checo; macizo ensordecedor del paisaje atacameño, enclavados en los lindes cordilleranos, parte del paisaje serrano tan nuestro.
Allí se siente el silencio. Desde su cima, cuando la aurora se desplaza para dar paso a un nuevo día, le permite al profano admirarlo en toda su profunda exposición. Allá, a lo lejos, el valle, serpenteando cual inmenso edificio, hasta llegar al mar, se repite este suceso, cuando el sol tiñe de rojo el horizonte.
Con la maravilla del entorno, el silencio como gran señor, se permite la licencia de entregar, de vez en cuando, la melodía infinita del viento caminando entre la dehesas y jugueteando en los farellones… es aquí cuando el Checo se deja acariciar.
Un torrente de arpegios, de las quebradas vecinas, se abre camino a lo alto del imponentemente. Las corcheas y las semifusas yergan en las oquedades, hasta cuando la recia voz profunda que trae el mensajes del lejano mar, cubre con su manto el entorno y con el silencio sus dominios.
Conocí el Checo, de la mano de mi tío, que se debió en un solo sorbo la bohemia de su existencia. El tío Juan lanzó su último grito allá arriba, en la cumbre, cruzando su voz las fronteras hacia el infinito.
El terral frío mensajero cordillerano; su hermano que viene del mar; alguna nube errante coloca su blanca bufanda y el Checo vuelve mostrarse en toda su esplendorosa belleza.

JOCAM

Trascripción de manuscrito de un querido Copiapino de 90 años, José Camberes.

4 comentarios:

Andreita dijo...

Que bueno que publiques manuscritos del tata. me siento orgullosa de el y por suùesto de tener un cuñado tan inteligente y completo....

Anónimo dijo...

GRANDE MI VIEJO Y GRANDE TU MAUROP

Mauro dijo...

Ese Copiapinose llama JOSE CAMBERES (QEPD). Granmde tata.

Anónimo dijo...

solo el tiempo rinde homenajes silenciosos, a quienes deslumbran en solitaria letra, los pensamientos mas profundos se funden con los sentimientos del alma, para dar vida, eterna a una simple rosa, o una gota de agua que cae en tus mejillas, de gozo y de ternura.